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ISSN 1989-4163

NUMERO 40 - FEBRERO 2013

¿Los que Dictan la Moda no la Siguen?

Holly

Siempre me lo he preguntado, y quizás sea Anna Wintour la excepción que confirma la regla. En “Funny Face”, una visionaria directora de revista anunciaba que todo sería de color rosa y el mundo se volvía del color de los cuentos de hada excepto ella, sumida en el negro, devota de las tinieblas y sacrílega del lado oscuro. Un caso parecido podría ser el de Mademoiselle Chanel, Coco Chanel, abanderada del chic francés; menos es más, y del restar en vez de sumar decoró sus apartamentos con total barroquismo, obviando la austeridad.

Lagerfeld, el hombre del chic francés (o americano) (o británico) se ha decidido enfundar en el cuero negro y en los trajes de Slimane (¿?), aunque por lo menos él sabe lo duro que es adelgazar pues sus chicas son escuálidas. Un caso remarcable es el de Galliano. El creador siempre diseñaba para los desfiles de Alta Costura colecciones teatrales y barrocas, recargadas y con un hilo conductor muy marcado pero el hecho de salir a despedirse vestido de astronauta, torero o jardinero inglés era una tendencia curiosa. Carolina Herrera, Armani o Valentino son del club de la única prenda; muchas veces, en muchos colores y en muchos tejidos: CH con una predilección por las blusas blancas, la tez muy pálida; Armani (ése hombre que se cree joven), con el navy chic italiano poco sexual y muy carnal o Valentino, trajeado, como un gentleman pero con ése toque (sutil, lo admito) de estética (frente a la ética, que dirán los postmodernos).

Un caso particular es el de Carine Roitfeld, que propone musas saludables; sanas, perfectas, inmaculadas e impecables. Sumidas en el delirio del color; pero ella siempre viste de negro. Rendida ante la belleza radiante, ella escoge el gótico minimal; si en Vogue París ilustraba el minimalismo chic; en su vida diaria es del más siempre es mucho más. ¿Incongruente o inteligente?

La marca Ralph Lauren es una pálida propuesta para la pollyanna pija neoyorkina que ve Chanel como excesivo. Y él mismo, texano al puro estilo, es como uno de esos hombres que entran en un club de striptease repartiendo billetes de 50; con el dinero hecho un ovillo y pagando con billetes grandes: cuánto más, mejor y, si es en talonario, aún mejor.

Donatella Versace es otro caso, el gran caso; ella se cree la musa de Gianni (quizás cuando él dijo que se inspiraba en un burdel lo hiciera para no ofenderla) y, en realidad, es una caricatura de su marca. Donatella es todo escote, todo cirugía y todo rubio platino; todo arribismo. Versace es arribista pero con glamour; Versace era de esas marcas que no conocía la clase y la elegancia: la mirada quedaba fija en sus creaciones. Luego está el grupo de las sosas, anodinas y estúpidas. It girls las llaman y en realidad son una broma. Margherita Missoni, que debería ser reina del color, cae en las redes del gris.

Aunque hay que reconocer que también hay un selecto club de diseñadores objeto, de hombres jarrón que son en sí mismo un club, una alianza, un escaparate de sus creaciones. Están Cavalli, D&G y V&R como los grandes exponentes de esta tendencia o estirpe.

Que los que dictan la moda no la siguen es algo más que obvio; sólo lo hacen los diseñadores sin elegancia que buscan una cifra en vez de un lugar en a la historia.

 

(Este artículo fue publicado originalmente en diciembre de 2007 en www.coolandchic.blogspot.com.es)

Holly

 

 

 

 

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